2014/11/15

JUEGO DE PALABRAS - LISTADO B - TE NECESITO.

Tú eres el noray
al que amarro mi alma,
ahora que en mi vida
se destila
fragilidad,
llueve en mi corazón
con fría constancia
y mis sueños añoran
la felicidad.

En el juego
de la voluntad,
tú mis naipes
marcaste
para así poderme
ganar,
las jacarandas
que soñaste.

las primeras felicidades
llegarán
con las cerezas,
en primavera.

Javier Jiménez


2014/11/14

JUEGO DE LAS PALABRAS - AMO TU AMISTAD... Y A TI





Las martingalas del amor
no dañaron la esencia
de nuestra robusta amistad,
pues nuestra actitud positiva
la dejo inmaculada.
Y las más bellas emociones
dieron lugar,
con el tiempo,
a una armonía de luces áureas
en nuestro corazones.


Javier Jiménez

2014/11/13

MIS POEMAS - ESCLAVO DEL SENTIR




ESCLAVO DEL SENTIR







Ser sensible
es ser frágil,
más no es fácil
así volar libre.

Sentir amor,
sentir miedo,
sentir el fuego
y luego dolor.

Sentirte hermosa,
sentir la pena,
de no verte morena
ponerte celosa.

Sentir maravillas,
sentir las que tienes,
pero si tú no vienes
no puedo sentirlas.


Javier Jiménez.



MIS POEMAS - ¿NADA ES PARA SIEMPRE?






Dos extraños,
cruzaron sus destinos,
entrelazaron sus corazones,
vivieron el amor más profundo
que jamás se haya conocido.
Eran como el chocolate
y la nata,
como una lata
con su anilla.
Fueron la pareja perfecta,
hasta que...
volvieron a ser dos extraños.




Javier Jiménez.

ETERNO NERUDA - CAPITULO 2º - FORJANDO EL CARÁCTER DEL POETA



Durante la composición de CRP, Crepusculario (1920-1923), el yo lírico del poeta se describe en términos de tener, con predominio de autoalusiones  indirectas (mi voz, mis jardines ausentes, mis ojos, mi espíritu intocado, mi alma entera, mi corazón, mi vida), pero eso fue al principio. Después fue desembocando hacia un poeta más compasivo y solidario, como muestra en poemas como VIEJO CIEGO, LLORABAS...

Viejo ciego, llorabas cuando tu vida era
buena, cuando tenías en tus ojos el sol:
pero si ya el silencio llegò, qué es lo que esperas,
qué es lo que esperas, ciego, qué esperas del dolor?

En tu rincòn semejas un niño que naciera

sin pies para la tierra, sin ojos para el mar,

y que como las bestias entre la noche ciega
-sin día y sin crepúsculo- se cansan de esperar.

Porque sí tú conoces el camino que lleva

en dos o tres minutos hacia la vida nueva,

viejo ciego, qué esperas, qué puedes esperar?
Y si por la amargura más bruta del destino,
animal viejo y ciego, no sabes el camino,
yo que tengo dos ojos te lo puedo enseñar.

A mediados de 1922 en los textos se adivina como el orgullo y la seguridad del poeta cambian por la duda y el pavor, como se puede comprobar en algunos de sus poemas de ese año y en este con el que termino el capítulo de hoy.

TENGO MIEDO

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño

que reflojo la tarde sin meditar en ella.

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe

y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.

¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía

sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.

Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas

las nubes de la tarde, como barcas perdidas

que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

                                 
                                              PABLO NERUDA




2014/11/12

MIS POEMAS


EL REGRESO







     



 Y su boca solo alcanzaba a susurrar

      con la emoción en sus ojos contenida,
  -¿eres tú la mujer que amaba
       y que jamás me cansé de nombrar?-.


    Regresaron aquellos días felices,

     en su corazón la dicha despertó
     y otra vez de alegría sus costales,
      volvió a llenar con ilusión.




Javier Jiménez



"LAS COSAS" DE ISABEL SALAS


MIS POEMAS - ORILLA MÍA



ORILLA MÍA








Puedo soñar que eres la orilla
y acercarme a descansar de mí,
recitar bellos poemas de Neruda,
encontrar la paz añorada, al fin.

Puedo soñar que eres la orilla
y que naufrago en tus dulces olas,
que relajas mi locura con tu brisa
y si la marea subes, mi alma mojas.

Puedo soñar que eres la orilla,
orilla mía, que te anhelo,
y sé, en esta noche estrellada,
que puedo soñar que te quiero.


Javier Jiménez.


2014/11/11

ETERNO NERUDA - CAPITULO 1º



El verdadero nombre de Pablo Neruda es Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y nació en Parral (Chile) en 1904. En sus comienzos como poeta utilizaba como seudónimo Neftalí, que era el segundo nombre de su madre (Rosa Neftalí Basoalto), fallecida nada más nacer el poeta. Su texto más antiguo conocido es un saludo rimado dedicado a su madrastra Trinidad Candia Marverde de el 30-6-1915:"De un paisaje de áureas regiones / yo escogí / para darle querida mamá / esta humilde postal. Neftalí". El nombre de "Pablo Neruda", lo adopta en el liceo de Temuco donde ve una edición alemana de la partitura "Spanische Tänze" (danzas españolas) de PABLO de Sarasate con dedicatoria a la celebre violinista Frau Norman-NERUDA. Su primer poemario "Crepusculario" lo publica en 1923.
Ahora os dejo uno de sus primeros poemas, que fue premiado en el concurso de la federación de estudiantes de Chile, el 14 de Octubre de 1921.

LA CANCIÓN DE FIESTA



"Un Pierrot de voz ancha que desata
mi poesía sobre la locura
y yo, delgado filo
de espada negra entre jazmín y máscaras 
andando aún ceñudamente solo,
cortando multitud con la melancolía
del viento Sur, bajo los cascabeles 
y el desarrollo de las serpentinas".









           

2014/11/10

"PARANOIA" DE CIENCIA FICCIÓN

                                    “INSENSIBLES”


-!Ya es la una de la madrugada!-exclamo Xuxo. Llevaba cuatro horas seguidas jugando a la Play Station, la que le regalaron el año anterior por su decimosexto cumpleaños.
Esa noche se había quedado solo en casa. Sus padres habían viajado a Sevilla, para la presentación del libro de cuentos que su padre, un conocido profesor de narrativa, acababa de publicar . Era su primer libro y en la familia había mucha excitación.
Ya le estaban dando retortijones, así que se dirigió a la cocina a saquear la nevera. La cocina empezó a temblar, la vajilla; platos, vasos y todas las ollas, que estaban en la pared, comenzaron a caerse. -!Qué diablos...! - alcanzó a gritar mientras se asía a la encimera. Se cortó la luz, quedó todo a oscuras. Cuando el temblor se detuvo, comenzaron a darle sudores fríos. Oyó un zumbido muy fuerte, que parecía provenir del patio trasero de la casa, el que lindaba con la cocina. Un fuerte resplandor penetró por las ventanas y lo iluminó todo y la puerta del patio trasero comenzó a abrirse lentamente. El chirriar de la madera vieja al rozar contra el suelo le heló la sangre. Xuxo seguía junto a la encimera, paralizado por el terror, cuando le pareció ver una silueta semejante a la de un ser humano. El resplandor empezó a retroceder, y lo que parecía una silueta humana se convirtió en la imagen familiar de Hugo, su hermano gemelo, que hacía ya un año que había desaparecido.



-¿Nombre completo?-Josep Piqué Hernández - aunque todos le decimos Xuxo - respondió Marta al policía. - No entiendo que es lo que ha podido pasar, - el nunca haría una cosa así -.
- Fernando, tienes que encontrarlo, creo que no podría soportar perder a otro hijo - . Fernando Piqué Colomer, no sabía cómo consolar a su mujer. Él mismo se consumía por dentro preso de la desesperación. Siempre había confiado en su hijo y a pesar de las reticencias de Marta, accedió a que se quedase solo en casa. A Xuxo no le gustaban las grandes reuniones, le causaban ansiedad . Durante una temporada Marta lo estuvo llevando al psicólogo y este le había comentado que su hijo parecía tener síntomas de -”fobia social”-, un trastorno mental relacionado con la dificultad de estar en espacios reducidos rodeado de mucha gente. Incluso en presencia de poca gente le solían dar ataques de ansiedad, más aún si eran desconocidos y, desde la desaparición de Hugo, su hermano gemelo, la cosa fue a peor.
- Tranquilízate cariño, estoy seguro de que Xuxo aparecerá en cualquier momento.- le dijo a su mujer. A Fernando comenzaba a agobiarle un sentimiento de culpa. Habían pasado diez años desde que decidió que debían abandonar Valencia e ir a un sitio más tranquilo, donde cumplir su sueño de toda su vida,: escribir un libro. Claro que, cuando se mudaron a la Pobla de Farnals, un bonito y apacible pueblo costero, no imaginaba que allí desaparecerían sus dos hijos.
- Cálmese señora, ya sabe que no podemos hacer nada hasta pasadas veinticuatro horas de la desaparición. Les aconsejaría que mientras tanto intenten ponerse en contacto con todos sus amigos y familiares, por si alguien sabe algo.- Fue todo lo que les dijo el sargento Sánchez, de la policía local de la Pobla.- Si mañana por la mañana sigue sin aparecer, daremos el aviso al grupo de desaparecidos de la comisaría de Valencia. Allí todavía sigue al mando la subinspectora Bianca Rodríguez, imagino que la recordarán de cuando desapareció su otro hijo,- añadió Sánchez.



Cuando la policía se marchó, Marta se vino abajo, comenzó a llorar desconsoladamente y le dio un ataque de ansiedad. Fernando fue a preparar una valeriana a la cocina y, de paso, buscó unos tranquilizantes en el botiquín. Después de que su mujer se tomara todo, la acompañó a la habitación y la dejó tumbada sobre la cama. Él cogió la agenda y se dirigió al salón para llamar a todas las personas que conocían a su hijo.

Serían alrededor de las tres de la madrugada cuando un fuerte ruido los sobresaltó. - ¿Que ha sido eso?,- creo que ha venido de la habitación de Xuxo – dijo Marta. Rápidamente se levantaron y fueron a investigar. La puerta de la habitación estaba abierta.- ¡Creo que ha entrado alguien!, Fernando, coge el bate que está en el armario del pasillo, por si acaso. - Entraron sigilosamente en la habitación y, cuando encendieron la luz, Xuxo estaba allí, tumbado sobre la cama, durmiendo como si no hubiera ocurrido nada. -Xuxo, despierta, Xuxo hijo, tienes que contarnos que te ha...¡por dios!, no es Xuxo, ¡es Hugo!.
Era imposible saber quién era quién. Eran idénticos como dos gotas de agua y, para colmo, solían llevar el mismo corte de pelo. Les encantaba hacerse pasar el uno por el otro para reírse de sus amigos. Marta parecía tener un sexto sentido para eso, era la única que los reconocía con solo mirarlos, aunque cuando Hugo tuvo el accidente con la bici de montaña, la pequeña cicatriz que le quedó en la barbilla hizo que fuese mucho más fácil para los demás.

  • Hugo, ¡dios! No me lo puedo creer, es un milagro. Pensaba que no volveríamos a verte-dijo Marta sollozando mientras abrazaba a su hijo.
  • Mama, papa, os he echado mucho de menos -.
  • Hugo, ¡no lo puedo creer!, ¡esto es un sueño!- exclamó Fernando mientras abrazaba y besaba a su mujer y a su hijo.

Por la mañana temprano, cuando iban a levantarse, volvieron a tener un sobresalto. Hugo estaba al pie de la cama, observándolos, parecía como si quisiera decirles algo.

  • ¿Qué ocurre cariñ... .- A Marta no le dio tiempo a terminar. Hugo la hizo callar con el dedo índice en la boca.
  • shhhh - susurró –.- Mamá, papá, quiero que cerréis los ojos y escuchéis vuestra mente.
  • Pero ¿qué pasa Hugo?- -shhhh-, papá, por favor, confía en mí.- Cerraron los ojos y escucharon.

Un susurro inundó sus mentes, como si acabaran de subir el volumen de un altavoz oculto en sus subconscientes.

- Escuchadme bien, sé que lo que os voy a contar es difícil de creer, pero no os queda otro remedio que confiar en mí. Siempre os habéis preguntado si en la inmensidad del universo habría otros planetas que reunieran las condiciones necesarias para albergar vida y, sobre todo, inteligente. Pues, ante vosotros tenéis la prueba de que sí. Hace catorce años llegamos a la Tierra, procedentes de una galaxia muy lejana. Somos muy parecidos a los seres humanos y poseemos una tecnología infinitamente superior a la vuestra. Estuvimos mucho tiempo espiándolos y estudiándolos, y al fin decidimos venir en busca de algo. Nuestro hogar, un planeta que se encuentra a quinientos años luz de aquí, está en un sistema solar muy similar al vuestro, y es increíblemente parecido a la Tierra. Somos una raza muy pacífica y, a pesar del enorme potencial que tenemos, nuestra evolucionada mente no entiende las formas de violencia que descubrimos en la Tierra. Nosotros utilizamos la tecnología para el bien común de nuestra raza y para la exploración de la galaxia. Sin embargo, nos ha fascinado vuestra capacidad de sentir, que es muy superior a la nuestra. En ese aspecto, somos planos, no somos capaces de experimentar vuestros cambios de humor, de la tristeza a la felicidad en unos segundos, y menos aún fingirlos. Da igual que se nos muera un familiar o que descubramos un avance muy importante, nosotros siempre sentimos lo mismo, ni miedo, ni alegría, ni tristeza. No comprendíamos cómo los humanos pueden modificar su estado de ánimo, y a veces tan intensamente. Claro que también descubrimos que esa capacidad de sentir podía ser la causa de algunos comportamientos violentos y de sufrimiento. Por ello, decidimos que os estudiaríamos e intentaríamos asimilar solo la parte buena de vuestro comportamiento.
No queríamos llamar la atención ni hacer daño a nadie, nuestra naturaleza no nos lo permitía. Por medio de nuestra tecnología somos capaces de separar la conciencia de un cuerpo e introducirla en otro, lo que nos permite inmortalizar a nuestros grades sabios. Eso nos dio la idea de introducir la conciencia de uno de los nuestros, en este caso yo, en la mente de un embrión de bebé humano y que este viviera las mismas experiencias que su portador y así llegar a comprender sus sentimientos. Decidimos que para no hacer daño al bebé y a su familia, ya que la conciencia una vez insertada no podía volver a extraerse, haríamos una réplica exacta del embrión. Sabíamos de la capacidad humana de concebir gemelos y entendimos que así nadie notaría nada extraño. Buscamos entre todas las familias del mundo una que reuniera todos los requisitos, a citar: sin antecedentes de problemas psicológicos, ni pasados, ni futuros y que la mezcla de ADN de la madre y el padre fuera capaz de asimilar una conciencia extraña. Eso fue lo más difícil, pero al fin la encontramos, en España, en Valencia, vuestra familia.
El experimento fue un éxito, aprendí, al mismo tiempo que Hugo, todos los sentimientos, todas las emociones nuevas para él, igual que para mí. Aprendí a dominar los sentimientos malos y a desecharlos, ¿o nunca os pareció raro que Hugo nunca estuviera triste, o enfadado?.- Nuestras conciencias están conectadas, sentimos las mismas cosas. Toda su vida ha sido consciente de mi presencia, pero os lo ocultó porque yo se lo pedí. Había probabilidades de que lo hubierais tomado por loco. Al llegar a los quince años, los míos decidieron que debíamos viajar a mi planeta.
-Hay algo que no sabéis de vuestro hijo, algo que detectamos en unas revisiones rutinarias . Descubrimos que Hugo tenía un defecto degenerativo en el corazón y que en cualquier momento, haciendo algún gran esfuerzo, practicando deporte o con algún sobresalto, podría sufrir un ataque al corazón.

-¡Dios!, pero si a lo largo de su vida le hemos llevado a sus revisiones médicas y las pruebas que le hicieron en el hospital cuando tuvo el accidente en bici. Los médicos nunca encontraron nada.

- Es una patología muy difícil de detectar, pero nuestra ciencia es mucho más avanzada que la vuestra y enseguida lo detectamos. Hugo ya está curado pero hay algo más, sabíamos que Xuxo también tendría el defecto, de hecho viene de él. Recordad que Hugo es una copia suya.
Hemos venido a buscarlo para curarlo, no podíamos dejar que nuestro hermano muriera.

-Pero, ¿lo traeréis de vuelta, verdad?.- No podría soportar perderle a él también.
-Por supuesto, Marta, el sitio de Xuxo está aquí, a vuestro lado.


FIN

JUEGO DE IMAGEN

NO HAY SUERTE, NO HAY PARAGUAS




A Rafa le perseguía la mala suerte. A todos en su círculo de familiares y amigos le habían pasado cosas buenas: premios de loterías, coches en concursos, ascensos sonados y toda clase de situaciones relacionadas con la buena suerte. A él, sin embargo, le ocurría todo lo contrario. Acababa de perder su empleo, su novia le había dejado hacía un mes y le robaron el maletín con el portátil que llevaba en el coche, vamos, que no recordaba la última vez que tuvo algo de suerte. El lunes se dirigió hacia la empresa de venta de artículos de fumador, que le había comentado su cuñado Paco, a entregar un currículum, cuando empezó a llover fuerte. Al bajar del coche se dio cuenta de que no llevaba el paraguas en el maletero, maldijo su suerte. Se le iluminó la cara cuando vió, en la acera de enfrente, a uno de esos africanos vendiendo paraguas a cinco pavos. Al fin le sonreía la fortuna, solo de pensar en la “ducha” que se habría pegado en el trayecto del coche al edificio, le daban escalofríos, había aparcado muy lejos. Craso error, a mitad de camino una ráfaga de aire le descoyuntó la “mierda” de paraguas. Cuando llegó al edificio estaba totalmente empapado y comenzó a “descojonarse” de risa mientras recordaba que la noche anterior, hablando de la mala suerte con su cuñado, le contó que a veces le parecía como si todo el mundo llevara siempre paraguas, y solo lloviera debajo del suyo.



Javier Jiménez

2014/11/09

MAL DE MARES


MAL DE MARES







Aquí estoy, preso de mi zozobra,
buscando el sextante que me guie
a través de los océanos del martirio,
pues mi barco tiempo ya a la deriva
necesita que su quilla le alivien
para poder llegar a buen destino.

Ni el furioso y violento temporal
ni la encorajinada mar y altiva
quebrará mi taciturna esperanza,
y gritaré a esa zorra de la suerte,
a esa loba de mar que es la vida,
que no me gusta más mi mentira.

Sobreviviré a la herrumbre y la sal,
no sucumbiré a la artillería del océano
ni a la espuma de la amarga galerna,
y después de hender profundo el mal
que domina mi marea de juicio
al fin encontraré mi orilla eterna.


Javier Jiménez